Existen culpables de intentar desatar el hilo conductor de una historia con gobernantes poderosos y agitar un intenso debate sobre la posibilidad de implementar la descentralización en el Paraguay a través de un proyecto de ley y bajo ese delito algunos fiscales del stronismo, el conservadurismo y el luguismo intentan imputarlos y castigarlos por traidores a la patria.
La historia de dictaduras es larga en nuestra tierra, y no se limita a unos pocos gobernantes que a sangre, exilios y fuego impusieron su autoridad, pues se extiende a la arquitectura de sus administraciones que en forma centralizada perfeccionaron la arbitrariedad en el uso del poder, la exclusión de los territorios y la separación de los paraguayos en primera, segunda y tercera clase.
Poco importa, para la vida social, que un gobernante se proclame dictador, presidente vitalicio o re constructor pues la esencia de lo político es el ejercicio del poder y los efectos que con ello se causa en las personas, las familias y las comunidades; así la práctica del stronismo no se limita al periodo que gobernó ese general Presidente puesto que ese “modelo” se proyecta hasta la actualidad con la permanencia de ciertas formas arbitrarias que se ejercen desde la administración centralizada de los bienes públicos, de las conductas de sus administradores que desconocen la autoridad del “soberano” y lo condenan a ser sujeto de dadivas.
Esta modalidad, perpetúa las formas autoritarias de gobierno y convierte a los ciudadanos en meros receptores de la política, donde su “opinión y voluntad” carece de valor por estar sometida a una interpretación concentrada en la burocracia centralista, muchas veces dogmática y generalista que desconoce las particularidades que surgen de las relaciones de los seres humano con su territorio y con las sucesivas formas de gobierno que se han implantado ya sea bajo el signo de la dictadura sin comunismo o de la transición hacia la democracia.
Nuestro país y nuestros compatriotas en particular, han sufrido bastantes traumas algunos tan graves que impiden afianzar la concepción que somos un conjunto con opiniones, esperanzas y expectativas diferentes y que vivimos en realidades territoriales diferentes. Por ello se hace urgente y necesaria la superación del estado diseñado por los dictadores y sus seguidores e intentar otro audaz, patriótico y con amplio sentido social que reconozca todos los rostros que habitan el territorio paraguayo.
Esta oportunidad de cambio es la ideal para recuperar el gobierno para el pueblo, hacer vivir la democracia en nuestra sociedad y garantizar que las viejas estructuras centralistas se vayan definitivamente de las prácticas gubernativas y así todos recuperemos el orgullo de ser culpables del cambio en el Paraguay.
La historia de dictaduras es larga en nuestra tierra, y no se limita a unos pocos gobernantes que a sangre, exilios y fuego impusieron su autoridad, pues se extiende a la arquitectura de sus administraciones que en forma centralizada perfeccionaron la arbitrariedad en el uso del poder, la exclusión de los territorios y la separación de los paraguayos en primera, segunda y tercera clase.
Poco importa, para la vida social, que un gobernante se proclame dictador, presidente vitalicio o re constructor pues la esencia de lo político es el ejercicio del poder y los efectos que con ello se causa en las personas, las familias y las comunidades; así la práctica del stronismo no se limita al periodo que gobernó ese general Presidente puesto que ese “modelo” se proyecta hasta la actualidad con la permanencia de ciertas formas arbitrarias que se ejercen desde la administración centralizada de los bienes públicos, de las conductas de sus administradores que desconocen la autoridad del “soberano” y lo condenan a ser sujeto de dadivas.
Esta modalidad, perpetúa las formas autoritarias de gobierno y convierte a los ciudadanos en meros receptores de la política, donde su “opinión y voluntad” carece de valor por estar sometida a una interpretación concentrada en la burocracia centralista, muchas veces dogmática y generalista que desconoce las particularidades que surgen de las relaciones de los seres humano con su territorio y con las sucesivas formas de gobierno que se han implantado ya sea bajo el signo de la dictadura sin comunismo o de la transición hacia la democracia.
Nuestro país y nuestros compatriotas en particular, han sufrido bastantes traumas algunos tan graves que impiden afianzar la concepción que somos un conjunto con opiniones, esperanzas y expectativas diferentes y que vivimos en realidades territoriales diferentes. Por ello se hace urgente y necesaria la superación del estado diseñado por los dictadores y sus seguidores e intentar otro audaz, patriótico y con amplio sentido social que reconozca todos los rostros que habitan el territorio paraguayo.
Esta oportunidad de cambio es la ideal para recuperar el gobierno para el pueblo, hacer vivir la democracia en nuestra sociedad y garantizar que las viejas estructuras centralistas se vayan definitivamente de las prácticas gubernativas y así todos recuperemos el orgullo de ser culpables del cambio en el Paraguay.
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